NOTICIAS y AVISO SOBRE CONSULTAS

CONSULTAS: POR FAVOR, NO DEJARLAS AL PIE DE LOS ARTÍCULOS COMO "COMENTARIOS", SINO REMITIRLAS DIRECTAMENTE A miguelricci2003@gmail.com - Y PODRÁN SER RESPONDIDAS CON EL DETALLE QUE SEA NECESARIO Y LA RESERVA ACONSEJABLE - MUCHAS GRACIAS.

sábado, 28 de febrero de 2009

CARTA PARA EL COMIENZO DE CLASES

CUANDO UNA ESPINA AYUDA / Remitido por la Prof. Marta de Iriondo

Presentación:

Simplemente, reproduzco a continuación

el texto del mail con el que llegó este texto,

destinado, sin duda, a la reflexión DE TODOS…:

“Hola, Miguel: te envío esta reflexión.

Mañana, 16 de febrero, comenzamos en la escuela

la capacitación ‘Docentes estudiando’ y elegí esta lectura

para compartir con los docentes.

Leyendo tu página hoy (como todos los días)

me acordé para enviártela.
Con cariño.
Marta de Iriondo”.

Domingo 15 de febrero de 2009.


(La Prof. Marta de Iriondo es

Vicedirectora de la

Escuela "Eva Perón", de

Federal – Entre Ríos.

Cordialmente.

Miguel)



Cuando una espina ayuda


Veo algo que me llama la atención
en un arbusto de los campos abiertos
en la India calurosa
de los húmedos monzones.
Me acerco cuidadoso a examinar la sorpresa
y pronto reconozco la reliquia inconfundible
de la vida renovada cada primavera
al crecer los cuerpos
con el vigor de la juventud y fuerza.
Allí, colgando de una espina alta
esta la camisa recién abandonada
de una serpiente.
De una pieza; fina y transparente
como un velo de novia.
La desengancho y la admiro en mis manos,
y pienso en la serpiente
que dejó su envoltura
para poder crecer.


Es cómodo tener el traje hecho a medida por la naturaleza misma en corte preciso. La serpiente se precia de él con justificado orgullo. Quizás se aficiona también al traje y piensa que con él no va a tener problemas de vestir ya para el resto de su vida. Pero el cuerpo crece y el traje queda estrecho. Resulta incómodo. No puede ya albergar al maduro reptil. Hay que deshacerse de él.


No es fácil la tarea. Da pereza el cambio. Incluso nos dicen que hay peligro mientras el reptil permanece indefenso al cambiar de ropa. Pero la vida llama y el momento llega. La serpiente otea el horizonte, escoge un espino, engancha la punta de su vestido y se va escurriendo, curva a curva, dejando detrás el vestido inútil.


Y emergiendo con el brillo del traje recién estrenado, tras varios esfuerzos, queda libre de todo, se lanza al camino con el desahogo del cuerpo crecido. Ya no le cabía en la antigua funda. Para crecer hay que cambiar de piel aunque cueste un poquito.


Ando mirando alrededor para ver una espina que me sirva. Quiero colgar de ella la camisa que me queda corta. No me deja crecer. Me vino muy bien en su tiempo, pero he crecido y ya no encajo en sus costuras a punto de reventar. Le tenía cariño y me gustaba. Me da pena dejarla. Me acompañó mucho tiempo. Mi pasado, mis costumbres, mis maneras de ver y mis modos de juzgar, mis aversiones y mis devociones, mi imagen y mi historia. Todo era muy cómodo, pero si quiero crecer, he de dejarlo.


Si permanezco aprisionado en la primera piel, no se desarrollarán mis miembros ni se abrirá mi mente. He de pasar por el ritual del descondicionamiento si quiero seguir en la primavera de vivir. Y el proceso no es de una vez para siempre. La próxima primavera volveré a cambiar de piel para seguir creciendo, para seguir viviendo.


Hay que cambiar la piel del alma para que crezca en la plenitud que ha de ser suya. Hay que encontrar la espina y engancharse y tirar. Es penoso pero es necesario. La serpiente lo sabe.


Acaricio en mis manos la piel abandonada.
Pienso en la serpiente ya lejana
que tuvo el valor de dejarla.
Bello tejido de escamas iguales.
Bello, pero ya superado.
La experiencia me anima a seguir el ejemplo.
Voy a cambiar de piel.


Del libro "Y la mariposa dijo..."

Escrito por Carlos González Valles


-----------------------------------------

1 comentario: