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domingo, 30 de noviembre de 2008

UN MODELO DE BIBLIOTECA PARA COMUNIDADES INDÍGENAS ARGENTINAS / Lic. Edgardo Civallero

Artículo publicado originalmente en: http://www.espaciologopedico.com/


Edgardo Civallero es Licenciado en Bibliotecología y

Documentación por la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina).

Su campo de experiencia se centra en servicios bibliotecarios para

pueblos indígenas y comunidades rurales, así como en

recolección de tradición oral en lenguas minoritarias y amenazadas.

Sobre tales temáticas ha realizado abundante trabajo de campo (2001-2006),

ha publicado dos libros electrónicos, un buen número de textos

y dictado clases y conferencias internacionales.

Además, se ha desempeñado en áreas como bibliotecología crítica,

lenguajes documentales, derechos humanos,

educación intercultural bilingüe y archivos sonoros.

Ha sido árbitro de la revista Biblios y ha adquirido

amplios conocimientos sobre lengua, cultura y

situación actual de los pueblos originarios del Cono Sur de América.


Los pueblos aborígenes latinoamericanos constituyen una población de 40 millones de individuos. Grupos humanos socialmente minoritarios, soportan situaciones de aislamiento, carencia, discriminación y presión, que los conducen a padecer pobreza, enfermedad, analfabetismo y pérdida de identidad.


Pueblos indígenas

En algún punto indeterminado de un tiempo pasado, un dios creativo y creador infundió vida a un puñado de tierra, o de maíz, o de hojas secas.

Y el hombre nació.

Ese hombre que quedaría vinculado a esa tierra, a esas hojas, a ese maíz y a ese dios por siempre.

Ese hombre que viviría al ritmo de la naturaleza, que inventaría sonidos y construiría leyendas para explicar el universo visible y para temer a las fuerzas invisibles.

El que haría de la palabra un don, y de ese don un arte… En algún punto del pasado, esos hombres generarían culturas exquisitas y singulares, transformarían su medio ambiente, amarían, crearían, morirían y se perpetuarían en las generaciones siguientes, herederas de un legado frágil y efímero que debía ser repetido y vivido a diario para ser preservado.

Algún extraño, poseedor de “dones” como la ciencia o la razón, los etiquetaría más tarde –en un vano intento por clasificar lo inclasificable- como indígenas, nativos, indios o aborígenes, términos que establecerían la primera de las miles de diferencias que surgirían a lo largo de unos pocos siglos de contacto cultural, y que se referían al estrecho vínculo de esas gentes con la tierra que ocupaban, y a su historia, encadenada a ese terruño desde el inicio de los tiempos.

El extenso territorio hoy llamado “América” reunió a centenares de estos grupos (Matos Mar, 1993), millones de individuos que conformaron uno de los más infinitos, ricos y variados mosaicos étnicos jamás vistos, de una diversidad cultural inigualable.

Frágiles milagros humanos, apenas si pudieron soportar con éxito el violento embate de potencias imperiales cuyas estructuras sociales, políticas y económicas se basaban en las ideas de “conquista”, “dominio” y “explotación”.

Muchísimos sucumbieron, y sus memorias desaparecieron con su último aliento.

Otros tantos hallaron caminos para sobrevivir, afrontando pérdidas tremendas y cambios sustanciales en sus realidades, sus mentalidades y sus cosmovisiones.

Unos pocos lograron superar el trauma de la Conquista, resistir los intentos de negación y de control de los estratos sociales que se sucedieron en el poder, y llegar a nuestros días concientes y orgullosos de su identidad y de su entereza; mestizados, quizás; adaptados, tal vez; pero únicos, como siempre.

Éstos fueron una minoría. La gran mayoría sufrió, y sufre aún, el olvido, la exclusión, la ausencia de oportunidades y futuro, la discriminación, la presión… Pero, sobre todo, sufre el olvido propio, la vergüenza de una piel y un pelo y una lengua y un origen, el aprecio por conocimientos y costumbres ajenas en desmedro de una cultura forjada a través de milenios…

Culturas únicas se encuentran, así, en proceso de desintegración, a pesar de las recomendaciones internacionales y de la legislación y los programas de los gobiernos nacionales.

Buscan insertarse en una sociedad que jamás querrá abrirles sus puertas (Martínez Sarasola, 1992; Carrasco, 2000; ENDEPA, 2000).

Y pagan, por el intento, el más alto precio que un ser humano puede ofrecer: su identidad.

Sin embargo, y a pesar de las derrotas diarias, las humillaciones, las carencias y las ausencias, algunos no abandonan su lucha.

Tampoco olvidan. Recuerdan, cada noche, que son los hijos de la tierra y de las nubes… Honran, con cada palabra, cada canto, cada cuento, el espíritu de sus ancestros.

Y saben que enraizarán nuevamente en las montañas, pampas y selvas que guardan los restos de sus antepasados. Y que florecerán, y darán sus frutos.

En apoyo de esta historia, de esas memorias vivas de un pasado doloroso, de esos testimonios vivos de un presente vergonzoso, y de esa lucha, nace el proyecto “Bibliotecas Aborígenes”.


Bibliotecas indígenas

El proyecto se basa en un conjunto de ideas pertenecientes a las “nuevas” corrientes de pensamiento de la bibliotecología, movimientos alternativos etiquetados bajo el rótulo común de “bibliotecología progresista” (progressive librarianship), los cuales recuperan antiguas y conocidas teorías e ideologías sociales y las aplican al ámbito de acción de las ciencias del libro (Rosenzweig, 2000, 2002).

Así, apoyan y sostienen el libre acceso a la información, el respeto a las estructuras ideológicas y sociales de cada comunidad, la libertad de expresión, los derechos humanos, el empleo de la imaginación a la hora de gestionar recursos, la solidaridad, el desarrollo sustentable de base, el rechazo de modelos de servicio históricamente establecidos y aceptados, la negación de las jerarquías, o el dominio, y la máxima difusión del conocimiento para lograr el desarrollo equilibrado e igualitario del ser humano.

Partiendo de estas nociones, el proyecto propone el diseño, desarrollo y evaluación de modelos de biblioteca específicamente destinados a satisfacer las necesidades de información de usuarios indígenas, respetando su realidad, sus recursos, sus tiempos y, sobre todo, sus rasgos y sus pautas culturales (Civallero, 2004).

Para ello, se emplea un rico marco referencial interdisciplinar (que incluye antropología, sociología, historia, derecho, ciencias de la educación y lingüística) y se implementa una metodología de investigación-acción, con el aporte de otras técnicas de investigación social, como la descripción densa (Geertz, 1997), el análisis de documentos o las historias de vida.

El proyecto pretende desarrollarse en el seno de la comunidad, como un desarrollo de base (grass-roots project; Kleymeyer, 1993), es decir, incorporando la continua y plena participación, decisión y evaluación de los usuarios finales.

Pretende, asimismo, convertir la biblioteca en una institución manejada por el propio grupo: una herramienta dúctil, adaptable “a la medida” de cada sociedad, la cual, considerando las recomendaciones (inter)nacionales en materia de cultura y derecho permita la recuperación, difusión y conservación de lenguas y acervos tradicionales, la revitalización de prácticas y expresiones culturales propias, la participación de sectores tradicionalmente marginados (mujeres, niños, ancianos), el apoyo al uso de la tradición oral y a sus cultores (libros vivientes / tesoros humanos vivos), la apropiación de conocimientos estratégicos y adelantos científicos -en áreas como salud, derecho, producción y gestión- desde perspectivas principalmente indígenas, y la introducción de elementos culturales originariamente no nativos (alfabeto, libro, informática) desde un marco bilingüe e intercultural.

Los instrumentos de la bibliotecología pueden aplicarse en procesos de rescate y revitalización de culturas autóctonas; preservación de patrimonio y diversidad cultural; recuperación de lenguas amenazadas; y apoyo a la EIB (Educación Intercultural Bilingüe).


Lineamientos del proyecto

A la búsqueda de obtener el logro del fin y las metas definidos en el apartado anterior, la biblioteca deberá convertirse en una institución altamente maleable, una estructura que responda a las condiciones de vida y a los requerimientos de la población a la que pretende servir.

Debe, por ende, dejar de lado conceptos y metodologías tradicionales de trabajo y planeamiento, y construir caminos alternativos que permitan la generación de soluciones adecuadas a los problemas y necesidades reales de sus usuarios.

Una evaluación inicial permitirá conocer qué se espera de la biblioteca, qué clase de personas la frecuentará (o no) y con qué elementos humanos y materiales se cuenta para la implementación de sus servicios.

De la mano de la comunidad, los responsables de la biblioteca deben reconocer las características del grupo humano al que destinará su trabajo: sus recursos, su situación social, cultural y educativa, su espacio, sus búsquedas, sus anhelos, sus fracasos, sus temores, sus posibilidades y sus vacíos.

Los detalles humanos –en especial aquellos que se refieran a las creencias, cosmovisiones o idiosincrasias- deben ser profundamente considerados.

Algunas técnicas de investigación social ya señaladas – descripción densa, historias de vida -, encuadradas en un marco de observación (no) participante, pueden convertirse en herramientas adecuadas para esta tarea, pues permiten la elaboración de ricos informes sobre calidad de vida y rasgos socio-culturales.

Su riqueza radica en la variedad de datos que aporta, información que normalmente se oculta a las herramientas cuantitativas de recolección de datos (estadísticas).

Éstas últimas pueden, por cierto, complementar el trabajo, proveyendo algunas cifras básicas.

A partir de esta información puede construirse –siempre en colaboración con la comunidad- un modelo inicial de unidad de información, sometido a continua revisión y corrección.

La elaboración de tal modelo puede aprovechar categorías del análisis de sistemas (Laudon, 1998), metodologías de administración / gestión (Bryson, 1992) y de planeamiento bibliotecológico (McClure, 1991).

Debe considerar, por otro lado, las propuestas efectuadas, a nivel internacional, por profesionales de la bibliotecología y la educación, en relación al trabajo con comunidades aborígenes (Granel Parra, 2001; IFLA ALP, 2003).

Y deben incorporar los elementos seleccionados desde el marco referencial interdisciplinar, para poder asentarse sobre unas bases teóricas sólidas.

Tanto la colección como los servicios esbozados deben apoyar con fuerza la cultura oral, popular y tradicional; las lenguas nativas y la educación bilingüe; la creación de ámbitos de trabajo interculturales; el papel de la mujer y del anciano en la transmisión de información; los canales a través de los cuales tal información se mueve y se expresa dentro del grupo; la creación de nuevos materiales, formatos y soportes; el ingreso de nuevos conocimientos que la comunidad considere de interés; el rescate de la historia y las expresiones del grupo; el apoyo a sus luchas sociales; y la apropiación de la biblioteca como espacio de crecimiento, de discusión y de recuperación de la identidad.

Sin embargo, es preciso que la biblioteca asuma un cambio en sus paradigmas y sus perspectivas, tendiente a adoptar posturas más comprometidas y humanistas, y a generar modelos válidos para estas poblaciones. Como propuesta inicial, el presente artículo presenta algunas ideas y lineamientos de trabajo pertenecientes al proyecto “Bibliotecas Aborígenes”, que se desarrolla en la actualidad en el seno de comunidades nativa en el noreste de Argentina.


Conclusiones

Los resultados de este proceso de construcción –es decir, los modelos posibles de biblioteca indígena- pueden ser tan variados cono las etnias a las que servirán y representarán.

Sin embargo, deberán exhibir rasgos básicos en común: pertenecerán a la comunidad, expresarán su espíritu, satisfarán sus necesidades y la involucrarán en el mundo moderno sin renunciar, por ello, a su identidad tradicional.

El autor, en concreto, trabaja, en la actualidad, en la generación de “casas de las palabras” (no existen términos indígenas para designar una biblioteca, pero… ¿qué mejor y más ajustado a la realidad que denominarla “hogar” de la palabra, escrita o hablada?) en comunidades qom (tobas), wichi (matacos) y moqoit (mocovíes) en la provincia del Chaco, ampliando su área de trabajo, durante el año 2005, a comunidades pilaxá (pilagáes) en la provincia de Formosa, avá (chiriguanos) en la provincia de Salta y avá (guaraníes) en la provincia de Misiones, todas ellas dentro de territorio argentino.

Se ha presentado una propuesta de trabajo básicamente humanista, en plena oposición con los métodos puramente cuantitativos, enfocada a considerar, en primera instancia, el factor social, el humano, el personal… Únicamente desde perspectivas interdisciplinarias que reconozcan la importancia y el valor de la diversidad cultural, que incluyan enfoques profundamente humanistas y solidarios y que comprendan los beneficios que pueden brindar las instituciones y los espacios de trabajo interculturales, pueden generarse propuestas válidas para estas poblaciones, largamente descuidadas por los gobiernos nacionales.

Propuestas que reconozcan la importancia de la información en el desarrollo de una sociedad (Schiller, 1996), en la construcción de una opinión libre e independiente, en el reconocimiento de oportunidades y opciones, en la búsqueda de caminos y futuros, en la solución de problemas y en el cierre de antiguas heridas.

La bibliotecología puede aportar su experiencia –una experiencia acumulada a través de siglos de práctica profesional- para lograr el crecimiento y el desarrollo equilibrado e igualitario de estos (y muchos otros) grupos humanos (Carrizo, 1997).

La biblioteca es la conservadora de las memorias de nuestra especie, de nuestros éxitos y fracasos, de nuestras glorias y vergüenzas, de nuestros logros y vacíos.

Y es su deber –aunque, en ocasiones, parezca olvidarlo- servir a todos los individuos de la especie por igual, sin establecer diferencias, y hacer llegar el conocimiento que atesora allí donde sea necesario, pues es producto y patrimonio de la humanidad.

La bibliotecología, la documentación, las ciencias del libro y la información, deben abandonar su mutismo, su torre de marfil, sus posiciones privilegiadas en la nueva “sociedad de la información”, sus posturas apolíticas y su supuesta “objetividad” (Iverson, 2000).

Deben recordar, asimismo, que su finalidad es prestar un servicio a un usuario, y que el resto de los procesos que desarrollan (especialmente los relacionados con las TICs y la automatización) son simples medios de lograr el fin.

Y deberán sumergirse en la comunidad que las rodea y las necesitan, involucrarse en sus problemas, tomar partido y luchar, hombro con hombro (y quizás sin herramientas, sin tecnología, sin dinero, armadas únicamente de su imaginación, de sus ganas de trabajar y de su vocación de servicio) con otros seres humanos, que fueron, y continúan siendo, relegados solamente por ser fieles a sí mismos.

Quizás las ideas expresadas a lo largo de este artículo parezcan utópicas, y puedan herir la seriedad académica y profesional de muchos colegas.

Pero les pido, desde mi remoto rincón en este amado continente nuestro –rodeado por las sonrisas de medio centenar de niños qom, wichi y moqoit que están aprendiendo a leer en sus idiomas nativos- que recuerden una sola cosa: el día en que las utopías se pierdan y el hombre deje de creer en ideas nobles, no existirán en el mundo motivos para seguir luchando.


Y si no luchamos… ¿quedan razones para vivir?


Referencias:
1. Bryson, J. (1992). Técnicas de gestión para bibliotecas y centros de información.
Salamanca: Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

2. Carrasco, M. (2000). Una perspectiva sobre los pueblos indígenas en Argentina
[Disponible en: http://www.cels.org.ar/Site_cels/publicaciones/informes_pdf/2002_Capitulo11.pdf].

3. Carrizo, E. (1997). Biblioteca y sociedad. En: A. Dobra (Ed.), La biblioteca popular,
pública y escolar (p. 259). 2ª .ed. Buenos Aires: CICCUS.

4. Civallero, E. (2004). Bibliotecas aborígenes . buscando un nuevo paradigma de servicio
[Disponible en http://www.r020.com.ar/index.php?id_doc=43&id_comentario=33].

5. ENDEPA (2000). Comunidades aborígenes de la República Argentina. [Disponible en
http://www.madryn.com/pm/endepa]. Consultado en 01 de octubre de 2004.

6. Geertz, C. (1997). La interpretación de las culturas. Barcelona: Gedis.

7. Granel Parra, M. (2001). Encuentro latinoamericano sobre la atención bibliotecaria a las
comunidades indígenas. México: UNAM.

8. IFLA ALP. (2003). Project report nº 22 : Acceso a los servicios bibliotecarios y de
información en los pueblos indígenas de América Latina. Memorias del Seminario en
Lima (Perú) (23-25.04.2003). Lima: IFLA ALP / CAAAP.

9. Iverson, S. (1998). Librarianship and resistance. Progressive Librarianship Journal, 15.
10. Kleymeyer, C. (1993). La expresión cultural y el desarrollo de base. Quito: Abya-Yala.

11. Laudon, K. y Laudon, J. (1998). Management information systems : new approaches to
organization and technology.
5.ed. New Jersey: Prentice may.

12. Martínez Sarasola, C. (1992). Nuestros paisanos los indios : vida, historia y destino de las comunidades indígenas argentinas. Buenos Aires: Emecé.

13. Matos Mar, J. (1993.). Población y grupos étnicos en América. América Indígena, 4.
México: Instituto Indigenista Interamericano.

14. McClure, C. et al. (1991). Manual de planificación para bibliotecas : sistemas y
procedimientos. Salamanca: Fundación Germán Sánchez Ruipérez.

15. Rosenzweig, M. (2002). What librarians believe : an international perspective.
[Disponible en http://libr.org/PLG/Vienna2000.html].

16. ---------- (2000). Ten point program presented to the groups which met at the Vienna
Conference of progressive librarians sponsored by KRIBIBIE.
[Disponible en
http://libr.org/PLG/10-point.html].

17. Schiller, H. (1996). Information inequality. London, New Cork: Routledge.

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